Viviendo dentro de una civilización industrial avanzada, en donde los estereotipos nos bombardean día a día y en donde el trabajo embrutecedor es la filosofía de todo individuo, realmente no queda espacio para la libertad y la satisfacción de necesidades verdaderas.
Marcuse nos introduce en una lectura en donde nos muestra la incapacidad del ser humano para ejercer su libertad, no culpando directamente al individuo sino argumentando que esto es resultado del mero sistema capitalista y la sociedad tecnócrata de la cual nos habla Dussel, en donde el individuo sólo es utilizado como un recurso humano sustituible y es cosificado. Y es que es difícil escapar de esta estructura que reprime la inconformidad de la ética humana, convirtiendo el diario vivir del ser a un cuento dirigido por una moral que oprime la voluntad y el reconocimiento en sí mismo del individuo, que priva la independencia del pensamiento autónomo, es decir, el ser humano está sujeto a las exigencias económicas y políticas de la sociedad industrial contemporánea, convirtiendo de esta manera las necesidades humanas en intereses creados que oprimen y reprimen la oposición efectiva contra el todo.
Las necesidades, la satisfacción y la intensidad humana, ya no es asunto meramente biológico, resultan pre-condicionadas por este gran aparato contemporáneo, en donde la libertad de elegir entre un producto u otro ya no se le puede llamar libertad sino sólo elección. Por ejemplo, podemos decir que somos libres de amar, pero realmente ¿qué tan libres somos? Si el amor se piensa y se mide en cantidad, posición y posesión, no alejado de la soberbia inconmensurable del mercado.
La necesidad de amor y protección resultan ser para mi necesidades verdaderas que pueden satisfacerse con el solo cuerpo y mente humana, pero gracias a este sistema, esta necesidad verdadera se reemplaza por una falsa necesidad, en donde el querer y proteger se mide a través del despilfarro de dinero.
Los controles sociales que manipulan las mentes y hasta los instintos humanos, terminan por convertir lo superfluo en necesidad, las personas como bien dice Marcuse se reconocen en sus mercancías y entonces la negativa intelectual y emocional a “seguir la corriente” aparece como un signo de neurosis e impotencia, limitando a la sociedad a un estilo de mimesis, en donde el individuo se identifica no como (individual) sino como parte de un todo unidimensional, lo que provoca en este un pensamiento y conducta unidimensional, una falsa conciencia que termina por adentrarse en el ser como una verdadera conciencia.
Una posición demasiado marxista, pero que encuentra referente en la realidad es la siguiente:
“El progreso científico y técnico, se convierte en un instrumento de dominación” es decir, la sociedad industrial que hace suya la tecnología y la ciencia se organiza para el cada vez más efectivo dominio del hombre y la naturaleza.
Debe entonces existir una ética de la liberación según Dussel, en donde el ser humano se preocupe por su dignidad, misma que ha sido destruida por el totalitarismo.
Habrá entonces que hacer una división y una elección entre ética y moral que nos puede ayudar a comprender el tema central de Dussel: “la libertad del oprimido”.
Según Dussel, el hombre unidimensional que se encuentra inmerso dentro de la sociedad industrial contemporánea, se mueve entre los límites de la moral, es decir entre conductas vigentes, establecidas, dominantes y hegemónicas, moral que se encuentra sujeta al contexto donde se desarrolle el individuo, pues cabe mencionar que la moral es relativa y cambiante, según los intereses de los que disponen lo que se debe hacer y no, es más no vayamos lejos, la moral es diferente entre familia y familia.
La ética en cambio es una y absoluta, sus principios son validos en todas las épocas, pero no se confunda con lineamientos fríos, al contrario, los sujetos éticos pretenden tomar como norma el derecho a vivir, reproducir y desarrollar su vida con libertad, misma que se extiende hasta donde inicia el respeto del otro.
La ética es como todo, una lucha de opuestos, la ética en su lado positivo, reconoce al otro como otro, le otorga calidad de persona, cosa que no sucede en la realidad totalitaria en donde el ser humano es cosificado.
La ética funge como aparato crítico, ya que hace frente a la moral pues esta moral niega toda regla y comportamiento opresivo frente a otro.
La libertad del oprimido no sólo es cuestión de estado ni de nación, es cuestión individual interpersonal e intrapersonal, en donde demos libertad ética a nuestro propio pensamiento y demos libertad al otro SER HUMANO, para brindarle la capacidad de inconformidad y lucha por su propia identidad.

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