
La complejidad representa un esfuerzo mas en la vida cotidiana del ser humano, muchos de nosotros tenemos la necesidad del orden, quizá en situaciones de orden físico esto resulte bueno, pero en cuestión de conocimiento el luchar por un orden a lo mejor no resulte de lo más favorable.
Edgar Morín nos habla de una complejidad como un tejido, como un conjunto de constituyentes heterogéneos, asociados y por lo tanto inseparables.
Hoy en día la mayoría de los ciudadanos en México por lo menos recurrimos a los medios de comunicación para enterarnos de lo que pasa, hablaré principalmente de la televisión, enfocándome a los noticieros, que navegan con la bandera de verdad.
Día con día ocurren sucesos importantes, sucesos que son capaces de generar estragos a largo plazo o sucesos mucho más importantes de lo que se habla en televisión, atrás existe un sinfín de enramados que dan lugar al hecho, instituciones relacionadas que imprimen suma importancia en el suceso, y en los medios simplemente se menciona lo visible haciéndole creer al espectador que eso es lo único importante.
Ante la impotencia de no tener las armas para investigar y buscar la verdad no nos queda más que la cómoda opción de conformarnos y peor, volvernos ciegos ante esta situación.
Parece que los medios juegan con nuestra mente y nuestra memoria, nosotros nos prestamos al juego, Comemos y bebemos mentiras día a día gracias a que no somos capaces de ver la complejidad de la realidad, sinceramente el pensar un poco mas allá resulta fastidioso por aquello del Narcisismo del que habla Lipovetsky, estamos preocupados por estar bien nosotros solamente, nos encerramos en el culto al cuerpo y el bienestar propio; si esto es así ¿para qué queremos saber que pasa con la realidad en la que al final de cuentas convergemos todos?, en nada pensaran algunos y algunos otros (minoría me atrevo a pensar) opinarían que seria de gran importancia pues no estaríamos sometidos a un director editorial o a un líder de opinión.
La complejidad sin lugar a dudas nos abre un mundo lleno de desorden, ambigüedad y de incertidumbre según Morin, pero nos premia permitiéndonos generar opinión, nos remite a un pensamiento critico, libre de lineamientos, una concepción diferente y si el trasfondo es verdadero el conocimiento también lo será.
Así pues contrastaré no sólo a la televisión con la complejidad si no iré mas allá tratando el tema del telediario.
La ideología del telediario me parece un claro ejemplo de la inteligencia ciega, pues este es un espacio de televisión que goza de grandes audiencias, son un objeto muy codiciado por el mundo de la política y la publicidad, debido a la gran capacidad que tienen para vender productos e ideas. El telediario opera bajo ciertos lineamientos que le permiten generar y mantener a su audiencia como es que tienen que tener una duración máxima de 30 minutos para captar la atención del espectador y debe forzarle a verlo completo.
Para cumplir estos dos requisitos, el teleperiodista debe ser breve pero interesante, sencillo (para que toda la audiencia lo entienda) y didáctico. Todo esto hace que el tratamiento que se dedica a los acontecimientos sea demasiado superficial. Las informaciones seleccionadas son simplificadas a frases-claves que insisten en un hecho dominante.
El telediario, en definitiva, ofrece la noticia como un espectáculo. La fragmentación de las informaciones, además, provoca que el espectador se distraiga y se entretenga. Como consecuencia, aparecen dos tipos de telediarios: los que ofrecen las noticias muy fragmentadas, como estereotipos, sin explicaciones, y los que tienen secciones que tratan temas con profundidad pero de forma visual.
Pero las imágenes no pueden representar la complejidad de un acontecimiento ni representar hechos serios. Por lo tanto, éstos se basan en lo visual tratando temas superfluos, dándoles mayor importancia de la que tienen realmente y creando recreando en el televidente el efecto narcotizante, un supuesto orden el la información, orden simple que deja en “claro” sólo una perspectiva del tema.
Así pues la simplicidad de nuestro pensamiento esta determinado por un inmenso mundo complejo donde intervienen miles de factores, miles de enramados que lo único que buscan quizá sea solo manejar nuestro pensamiento por medio de lo simple para lo simple.
Morin Edgar, “Introducción al pensamiento complejo”.
Ignacio Ramonet, “la tiranía de la comunicación”, ed. De bolsillo España 2002